Pinos, piceas y abetos son las tres variedades de uno de los elementos indiscutibles de las fiestas navideñas, que año tras año están en la lista de compras de cientos de personas.

Robustas, verdes y diversas

A pesar de que la decoración tuvo su génesis en el siglo XVI, en el norte de Europa, la costumbre de cultivarlos para su venta inicia en 1901 en el Estado de Nueva Jersey, pues antes, las personas tenían por costumbre ir a buscarlos a los bosques.

shutterstock_235249723Nueva York fue una de las ciudades en que la comercialización adquirió un florecimiento notable, lo cual se ha mantenido hasta nuestros días.

Los árboles de Navidad son cultivados en territorios llanos de alta calidad y necesitan nutrientes que estén en el aire y en el agua como el hidrógeno, carbono oxígeno y otros, que están en el suelo como lo son el nitrógeno, fósforo, calcio, magnesio, azufre, hierro para que estén vigorosos.

El cultivo del pino blanco, la picea blanca, el pino silvestre y la picea azul para exportación a nivel mundial se dan en Quebec, Nova Scotia, Ontario, New Brunswick y Columbia Británica, provincias de Canadá.

shutterstock_223588882En la parte Pacífico Noroeste de los Estados Unidos, es muy común ver el abeto Douglas, en cambio, en la parte sur de la Unión Americana, el pino Virginia es el predominante; mientras que en la región de los Montes Apalaches, el territorio cuenta con una amplia variedad de árboles de Navidad. Los favoritos en América son el abeto de Douglas, el pino silvestre y abeto Fraser y, para los europeos, el predilecto es la picea de Noruega.

Al pasar el Día de Acción de Gracias, los canadienses y estadounidenses tienen la costumbre de ir a las distintas granjas que se dedican al cultivo para escoger el árbol, tomarse fotos y pasar gratos momentos para que siga la tradición.